REFLEX-RESEÑAS

De verdad que no podía.

«Marc quería dormir.

De verdad que quería.

Pero no podía dormir.

De verdad que no podía.»

Si me seguís por redes, sabéis que recientemente he sido mamá. Si eres nueva/o por aquí, te lo digo ahora: me estoy estrenando con un nuevo episodio de aventuras en mi vida llamado MATERNIDAD.

He tenido la suerte de tener un bebé tranquilo. O puede ser que yo le transmita tranquilidad, no lo sé, pues me tomo todo con bastante calma (será que me pilla con 42 años ya…). O puede ser una mezcla de las dos cosas. Sea como sea, lo cierto es que desde hace un tiempo no me quito este cuento de la cabeza: «DE VERDAD QUE NO PODÍA».

El cuento comienza tal como os he escrito al principio. Marc es un niño que no puede dormir y su mamá hace malabares y se inventa todo tipo de cosas creativas para quitarle los miedos y que se duerma… y se va, pero nada funciona. Finalmente su mamá encuentra la forma en la que Marc se duerma.

A mi bebé le cuesta quedarse dormido, tarda un rato. Al principio lo meneaba en el carrito, lo cogía en brazos y lo balanceaba, le cantaba nanas… hasta que descubrí que si lo echaba en la cunita, le ponía el chupete, le acariciaba la carita y me quedaba mirándolo, se relajaba. O si lo tomaba en brazos y me sentaba tranquila, mirándolo y acariciándolo, también funcionaba. Eso sí, esto me funciona en condiciones normales, que no le duela nada , o no esté estreñido y no pueda, ya sabéis, hacer caquita.

Aunque lo haga así, tarda igualmente en dormirse: cierra los ojos y al poco los abre para asegurarse de que sigo ahí, y lo hace varias veces. Me mira, me sonríe, y vuelve a cerrar los ojos. Y yo sigo ahí, mirándolo, asegurándome de que tenga dulces sueños. Solo ahí es cuando me voy y hago mis cosas, como por ejemplo, escribir este post. No tengo prisa por irme, porque quedarme significa que se quedará dormido antes.

Sé que no todas las experiencias sobre la maternidad son iguales, que no todos los bebés son iguales, pero sí tienen algo en común: necesitan amor y sentirse seguros. Y tu presencia, consciente y plena, es la única forma de poder dárselo. Y eso es lo que nos enseña este magnífico cuento de la editorial Kókinos.

Y tú, ¿Cómo duermes a tu bebé o a tu hijo/a ya más mayorcito/a? Te leo en los comentarios.

Abrazos y dulces sueños,

Luz.

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