REFLEX-RESEÑAS

Los sueños no se atrapan, se alimentan.

(Una reflexión a partir del cuento ¡Shhh! Tenemos un plan, de Chris Haughton)

El susurro de nuevos cuentos.

Llevo un tiempo trazando un plan. Un plan grande, importante, de esos que dan vértigo… y aun así quieres hacerlo.
Un plan para dejar la estabilidad de mi trabajo y dedicarme de lleno a Al Trasluz de los Cuentos, un proyecto que nace de mi propio crecimiento personal, que me inspira y me conecta con quien verdaderamente soy.

Hace unos días, me llamaron del Ayuntamiento de Casares. Les hice una propuesta personalizada, sentida, pensada desde la ilusión. Y, en esta ocasión, sentí la necesidad de renovar mis cuentos y compré algunos nuevos, entre ellos, ¡Shhh! Tenemos un plan, de Chris Haughton.

Como siempre digo, los cuentos tienen diferentes mensajes según quién los lea o los escuche. Este me hizo pensar en mi propio plan, en el tiempo que llevo construyéndolo… y en cómo, a veces, siento que ese «pájaro» que tanto deseo se escapa una y otra vez, pareciéndome inalcanzable.

Y entonces lo comprendí:
para alcanzar un sueño no basta con trazar un plan y perseguirlo, hay que alimentarlo, cuidarlo, caminar con él.

Tener un plan está bien, pero… ¿y el alma del sueño?

Trazar un plan no es el problema. Creo que es necesario hacerlo para tomar decisiones con cabeza, para no ponernos en riesgo. En mi caso, podría ir hoy mismo a Recursos Humanos y presentar una excedencia o una baja voluntaria. Pero perdería 15 años trabajados, quedaría sin ingresos y entraría en la ansiedad de tener que llenar talleres, buscar clientes, organizar sesiones…

Para lograrlo de forma sostenible, necesito construir una red: ahorrar, llenar la agenda poco a poco, sentir que puedo sostener la decisión con tranquilidad.

Pero claro, ¿qué ocurre? Que mientras trazo ese plan, a veces siento que el momento nunca llega. Me entra la impaciencia, el enfado… ¡Quiero soltar ya este trabajo! Y ahí es cuando se me olvida lo más importante: el motivo que me llevó a soñar este cambio.

No fue solo “salir de un lugar”. Fue entrar en otro más profundo: vivir con más sentido, con propósito, con autenticidad.

Este cuento, tan sencillo en texto como en imágenes, me recordó lo esencial:
mi sueño no necesita ser perseguido. Necesita ser alimentado.
Necesita que no solo piense en llegar, sino que disfrute lo que ya está ocurriendo mientras camino hacia él.

Cuando dejar de perseguir es el primer paso

No se trata de alejarse del objetivo ni de rendirse. Pero tampoco de forzarlo.

En el cuento, el pequeño personaje no intenta atrapar al pájaro como los demás. No corre. No se desespera. Solo se acerca… y crea vínculo.
Ahí está la clave.

Cuando me conecto con el disfrute de lo que ya estoy haciendo —las sesiones que preparo con mimo, los cuentos que escojo con cuidado, las personas con las que comparto camino— me siento más cerca de ese “pájaro” que deseo que se pose en mi hombro.

No se trata de abandonar el plan. Se trata de darle alma. De hacer que el sueño quiera quedarse conmigo.

El cuento me recordó que ya estoy en camino.
Que cada historia que comparto, cada niño o adulto que se detiene a escuchar, es parte del sueño hecho realidad.

Aunque aún no haya dejado mi trabajo, aunque el plan siga en construcción, ya estoy viviendo mi propósito.

Y el sueño crece —claro que sí— cuando lo riego con presencia, con coherencia, con alegría.
Y eso, aunque parezca poco, lo cambia todo.

Caminar con el sueño

Hoy miro mi plan con otros ojos.

He aprendido que, cuando camino con mi sueño, cuando lo alimento y lo disfruto, no solo un pájaro se queda conmigo.
Aparecen otros. Nuevas oportunidades, nuevas personas, nuevas ideas… que me acercan aún más a ese lugar que deseo.

P.D. Mientras escribía esta entrada, me llamaron para invitarme a participar en un nuevo proyecto.
Así es la magia de estar en conexión con lo que haces.

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