AMIGOS DE LOS CUENTOS

El Poder de la Educación: Sanando Almas Adultas y Sembrando Futuro en los Niños

La educación hoy en día es un derecho, pero sobre todo, es un bien público y una responsabilidad colectiva. Pero, ¿por qué es tan importante en la vida de las personas? La respuesta no está solo en el bien que esta pueda generar a cada uno, sino en el bien global: se trata del mundo que queremos y el mundo que queremos dejar a los que vengan detrás.

¿En qué queremos convertirnos? ¿Qué queremos aportar? ¿Cuáles son nuestros valores?

Como dice mi amiga Clara: «El arbolito, desde chiquitito». Y no le falta razón. Pero, ¿qué ocurre cuando el árbol adulto, tras el paso del tiempo, está roto, dañado o podrido? Ahí es donde la reeducación se vuelve esencial. La educación no solo debe centrarse en los más pequeños, sino también en aquellos adultos que venimos de una generación donde los sueños se perdieron por el camino y dejamos de creer y amar la vida.

Reeducando a los adultos: Rompiendo los moldes del pasado.

Para muchos de nosotros, la educación consistió en memorizar contenido, competir para ser el/la mejor de la clase y cumplir las expectativas de otros, sin importar nuestros gustos o habilidades. Nos hicieron creer que si memorizábamos contenido y sacábamos buenas notas tendríamos un trabajo fijo que nos haría felices, pero nadie nos transmitió el amor ni la importancia de aquello que «aprendíamos». Nuestros talentos, pasiones y sueños quedaron relegados a un segundo plano. La consigna era: «Haz lo que tiene salida, lo que te dará seguridad, no lo que amas». Y el resultado de todo esto es que nos atamos a trabajos que no nos satisfacen, abandonando nuestras habilidades, y nos sumergimos en una vida que no refleja quiénes somos realmente y nos vamos apagando poco a poco.

Reeducar no solo significa adquirir nuevas habilidades o conocimientos, sino redescubrir nuevos valores y aquello que nos mueve. Significa despertar ese «yo» que quedó oculto bajo capas de expectativas sociales y profesionales. Y en esta reeducación, los cuentos son una importante herramienta.

Cuentos como herramientas de transformación

Los cuentos tienen un poder transformador, ya que contienen la sabiduría de generaciones pasadas que supieron plasmarlas a través de arquetipos y símbolos, y aunque a veces se les tacha de anticuados o machistas, su verdadero valor radica en las enseñanzas universales que ofrecen.

En la educación de hoy no solo debemos considerar los cuentos para ayudar a los niños a desarrollar valores, comprender el mundo y comprenderse mejor, sino también, para ayudar a los adultos a reconectar con ellos mismos, sanar sus heridas y sentirse en conexión con la vida.

Cuentos como semillas para el futuro

Hoy en día existen multitud de álbumes ilustrados y cuentos muy buenos con los que se puede trabajar la educación emocional, las habilidades sociales y el desarrollo sostenible. Y aunque la cultura moderna ha malinterpretado o suavizado los cuentos maravillosos, no debemos dejarlos de lado, pues contienen enseñanzas profundas y atemporales, como el viaje del héroe y su lucha por el crecimiento.

Un futuro donde todos crecen

Todos estamos en constante proceso de aprendizaje, y como sociedad, tenemos la responsabilidad de brindarles a los más pequeños herramientas para que puedan descubrir quiénes son realmente y qué pueden aportar al mundo.

Pero como empezamos diciendo, no solo tenemos que aportar estas herramientas a los niños: en mi trabajo con cuentos, ya sea a través de la Terapia Grupal con Cuentos o los vídeos de Youtube, los utilizo para sanar y despertar con pequeñas tomas de conciencia.

No importa la edad. siempre hay espacio para sanar, crecer y florecer. Y no conozco mejor forma para hacerlo que a través de la magia de los cuentos.

AMIGOS DE LOS CUENTOS

El Poder de los Cuentos para Sanar el Alma

Mucho antes de que existiera la escritura, los seres humanos ya utilizaban los cuentos como una manera de transmitir sabiduría, valores y lecciones de vida. Estos relatos, a menudo ligados con los mitos y leyendas, servían como medio para entender el mundo, ofreciendo consuelo, inspiración y un profundo sentido de conexión con la naturaleza, los demás y con nosotros mismos.

En el corazón de cada cuento hay un potencial para la sanación, un poder que a menudo pasa desapercibido, pero que es capaz de transformar nuestra manera de ver el mundo y de enfrentarnos a nuestras propias luchas internas.

Los cuentos como espejos de nuestra realidad

Los cuentos maravillosos tienen una característica única: están cargados de símbolos que van directos al subconsciente, donde encontrará su significado. Presentan conflictos en su trama comunes a toda la humanidad que son resueltos gracias a seres y objetos mágicos, los cuales representan diferentes aspectos de la psicología humana, desafíos vitales y la búsqueda de crecimiento personal o trascendencia. Los héroes, los villanos, los retos y las pruebas que enfrentan los personajes no son más que metáforas de los desafíos que encontramos en nuestra propia vida.

Cuando escuchamos o leemos un cuento, nos vemos reflejados en él. Tal vez nos identifiquemos con el héroe que, a pesar de sus miedos e inseguridades, logra superar los obstáculos. O tal vez sintamos empatía por el personaje que está perdido y busca su camino. En cualquiera de los casos, los cuentos nos invitan a explorar nuestras propias emociones y a comprender que no estamos solos en nuestras experiencias.

El proceso de sanación a través de los cuentos

La sanación a través de los cuentos ocurre de manera sutil pero poderosa. Al conectar con las historias, nos permitimos sentir, procesar y liberar emociones que tal vez estaban reprimidas o que no sabíamos cómo gestionar. Los cuentos nos ofrecen una perspectiva diferente de nuestras propias circunstancias, brindándonos una oportunidad para reflexionar y ver nuestras vidas con nuevos ojos.

Algunos beneficios de utilizar los cuentos para el crecimiento personal incluyen:

  • Comprensión emocional: Los cuentos nos ayudan a identificar y entender nuestras emociones, permitiéndonos procesarlas de manera más saludable.
  • Superación de miedos: A través de los arquetipos de héroes y heroínas, aprendemos que el miedo es parte del camino, pero que también es posible vencerlo.
  • Empoderamiento personal: Los cuentos nos muestran que todos tenemos el potencial de ser los héroes de nuestras propias historias, alentándonos a tomar el control de nuestras vidas y nuestras decisiones.
  • Reconexión con nuestra esencia: A menudo, en el bullicio de la vida diaria, perdemos contacto con quienes realmente somos. Los cuentos nos invitan a volver a conectar con nuestra esencia, a recordar nuestros sueños y a reconocer nuestras fortalezas.

Cuentos que inspiran la sanación

Existen innumerables cuentos que, a lo largo de la historia, han tocado el corazón de quienes los escuchan. Por ejemplo, «Cenicienta», que en la versión española es «Estrellita de Oro», muestra todo un proceso de crecimiento personal y superación de obstáculos, cuya protagonista, mostrando el poder de la resilencia, nos recuerda que la bondad y la esperanza pueden triunfar sobre la adversidad.

Cada persona puede encontrar en los cuentos una fuente de sanación única y personal. En mis sesiones de Terapia Grupal con Cuentos, utilizo también estos relatos maravillosos como una herramienta para facilitar procesos de reflexión y transformación en los participantes. Juntos, exploramos el simbolismo y las enseñanzas que cada cuento nos ofrece, y descubrimos cómo aplicarlas a nuestras propias vidas.

Cómo comenzar a sanar a través de los cuentos

Si te sientes perdido, abrumado o emocionalmente desconectado, te invito a sumergirte en el mundo de los cuentos. Elige un relato que resuene contigo, siéntate en un espacio tranquilo y permítete ser transportado por las palabras. Deja que el cuento te hable, que te guíe, y que te muestre lo que necesitas saber en este momento de tu vida.

Recuerda, los cuentos no solo son para niños; son para todos aquellos que buscan reconectar con su propia historia, sanar viejas heridas y encontrar el camino hacia una vida más plena y auténtica.

REFLEX-RESEÑAS

De verdad que no podía.

«Marc quería dormir.

De verdad que quería.

Pero no podía dormir.

De verdad que no podía.»

Si me seguís por redes, sabéis que recientemente he sido mamá. Si eres nueva/o por aquí, te lo digo ahora: me estoy estrenando con un nuevo episodio de aventuras en mi vida llamado MATERNIDAD.

He tenido la suerte de tener un bebé tranquilo. O puede ser que yo le transmita tranquilidad, no lo sé, pues me tomo todo con bastante calma (será que me pilla con 42 años ya…). O puede ser una mezcla de las dos cosas. Sea como sea, lo cierto es que desde hace un tiempo no me quito este cuento de la cabeza: «DE VERDAD QUE NO PODÍA».

El cuento comienza tal como os he escrito al principio. Marc es un niño que no puede dormir y su mamá hace malabares y se inventa todo tipo de cosas creativas para quitarle los miedos y que se duerma… y se va, pero nada funciona. Finalmente su mamá encuentra la forma en la que Marc se duerma.

A mi bebé le cuesta quedarse dormido, tarda un rato. Al principio lo meneaba en el carrito, lo cogía en brazos y lo balanceaba, le cantaba nanas… hasta que descubrí que si lo echaba en la cunita, le ponía el chupete, le acariciaba la carita y me quedaba mirándolo, se relajaba. O si lo tomaba en brazos y me sentaba tranquila, mirándolo y acariciándolo, también funcionaba. Eso sí, esto me funciona en condiciones normales, que no le duela nada , o no esté estreñido y no pueda, ya sabéis, hacer caquita.

Aunque lo haga así, tarda igualmente en dormirse: cierra los ojos y al poco los abre para asegurarse de que sigo ahí, y lo hace varias veces. Me mira, me sonríe, y vuelve a cerrar los ojos. Y yo sigo ahí, mirándolo, asegurándome de que tenga dulces sueños. Solo ahí es cuando me voy y hago mis cosas, como por ejemplo, escribir este post. No tengo prisa por irme, porque quedarme significa que se quedará dormido antes.

Sé que no todas las experiencias sobre la maternidad son iguales, que no todos los bebés son iguales, pero sí tienen algo en común: necesitan amor y sentirse seguros. Y tu presencia, consciente y plena, es la única forma de poder dárselo. Y eso es lo que nos enseña este magnífico cuento de la editorial Kókinos.

Y tú, ¿Cómo duermes a tu bebé o a tu hijo/a ya más mayorcito/a? Te leo en los comentarios.

Abrazos y dulces sueños,

Luz.

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El oficio de escribir.

Esto es lo que necesito para seguir escribiendo mi primera novela, La verdad sobre los días impares:

  • 3 libretas: una contiene la estructura de la novela (sinopsis, trama, desarrollo de personajes, relaciones…); otra, está llena de ejercicios creativos para disparar la imaginación y dejarme llevar, ya que la inspiración llega siempre cuando estás trabajando. Y la última, es donde después de poner en orden el contenido de las dos primeras, escribo el primer borrador de los capítulos.
  • Baraja del Tarot de los Cuentos Maravillosos: me sirve para hacer preguntas cuando me atasco en alguna parte de la historia. Entonces, saco una carta y escribo una historia respondiendo a la pregunta en función de lo que me evoca la imagen que he sacado.
  • Y por supuesto, mi pluma: siento un gran placer al escribir a mano con pluma, quienes me conocen bien saben que el mejor regalo que me pueden hacer es una bonita libreta y una pluma.

Escribir es para mí un acto placentero, es la manera que tengo de conectar conmigo misma, con mi verdadero ser, lejos de las máscaras y personajes que nos ponemos día a día cuando salimos a la calle a relacionarnos. Es todo un proceso en el que dejo plasmadas muchas partes de mi ser, de lo que pienso y siento, de lo que temo y deseo, proyectados en los diferentes personajes. Es un camino de autoexploración y descubrimiento que decido compartir porque creo que siempre hay alguien que puede encontrar un apoyo o un refugio en mis palabras, al igual que yo encuentro apoyo y/o refugio en los textos de otras escritoras y escritores. Es bonito pensar que al final, todo esto se convierte es una cadena de lecturas unidas que crean una comunidad.

No hay nada mejor que una buena historia que nos despierte emociones, sensaciones o nos haga reflexionar, y que además, nos entretenga. Quienes nos embarcamos en el oficio de escribir y queremos compartirlo, sabemos que además de ser un proceso placentero, también lo es solitario, largo y difícil, ya que una vez terminada tu pequeña/gran creación, es complicado que una editorial acepte tu manuscrito, pues tienen «X» novedades al año y suelen tener sus escritores. Es por eso que, hoy en día, muchas personas como yo, con la inquietud de escribir y contar historias, invirtamos en autopublicar nuestros escritos, pues creemos en nuestros proyectos y en que merece la pena que otras personas lo conozcan.

Pero eso es solo una decisión vuestra, de quienes nos leéis. Sois quienes ponen en valor nuestra obra. En la página de Ko-fi puedes leer los tres primeros capítulos de mi próxima creación, es importante para mí saber tu opinión y si te gusta, por supuesto, considera apoyarlo. Te dejo los enlaces:

PREFACIO

https://ko-fi.com/post/Como-gata-bajo-la-lluvia–Prefacio-de-la-novela-q-R6R5QBLEY

CAPITULO UNO

https://ko-fi.com/post/Leer-CAPITULO-1-MI-VERDAD-G2G8QJRM6

CAPITULO DOS

https://ko-fi.com/post/Leer-capitulo-2-QUIEN-SOY-M4M0QJRR3

¿Te ha gustado? Dame tu apoyo, es tan fácil como invitarme a un café 😀

https://ko-fi.com/altrasluzdeloscuentos/goal?g=3

Gracias.

Atentamente,

Luz.

REFLEX-RESEÑAS

La mala pipa.

Cuando era pequeña recuerdo a mi padre comer pipas cuando paseábamos por el centro de Cádiz. Le recuerdo echándose las cáscaras en una mano y vaciaba esta en la primera papelera que veía para seguir comiendo pipas y así durante todo el paseo.

Hoy en día yo hago lo mismo, por eso me pone de mala pipa ver a quienes tiran las pipas al suelo. Bueno, las pipas, los paquetes de pipas, patatas, latas, etc. Eso me pone de muuuuuuuuuy mala pipa.

Sin embargo, esas cosas no la suelen hacer la gente pipa, porque saben que cuidar de su ciudad es cuidar de si mismo también, ¿a quién le gusta pasear o sentarse en un lugar sucio y descuidado a charlar?

Últimamente cuando voy temprano para trabajar paso por la plaza de mi barrio y está sucia, de quienes por la noche, a la fresquita, se ponen a charlar, comer y beber… ya vendrá el basurero a quitarlo. Sí, y lo quita, pero entre que va y que viene la plaza está sucia. Además, el basurero también puede vaciar las papeleras, papeleras que se encontrará vacías…. y eso me pone de muuuuuuuy mala pipa. Como la protagonista de este cuento, que dicen de ella que es una pipa muuuuuuuuuy mala.

Pero, ¿sabéis? NO ES una pipa mala. Por circunstancias, se acostumbró a ser mala…. y ahora, ha aprendido a portarse bien, aunque a veces se sigue portando mal, pero lo intenta, porque se pueden cambiar las malas maneras. Por eso uno NO ES malo o bueno, sino que se está de buenas o se está de malas. Y se puede estar de las dos formas, que es lo que transmite este cuento y por eso me ha gustado, además de que me ha parecido muy divertida la forma de contar la historia.

No se puede conocer la luz sin la sombra, porque para conocer lo que es pasárselo pipa…

…¡también hay que saber lo que es estar de mala pipa!

P. D. : Vecinos, pasároslo pipa, sííííííííííííííííííí…. ¡¡y cuidad también de vuestra plaza, podéis cambiar vuestras malas maneras!!…

¡¡ O me pongo de mala pipa !!

REFLEX-RESEÑAS

Soy un árbol.

Me encanta abrazar árboles.

Sí, ya sé que estarás pensando «la loca esta», pero no creo que haya nada de loco en sentirse en conexión con la madre naturaleza. Al igual que ocurre en ella, venimos de semillas que echan raíces en el útero materno para luego ir creciendo y convertirnos en quienes somos.

Si echa raíces, la semilla agarrará y empezará a crecer.

Si conocemos nuestras raíces, sabremos de dónde venimos y será más fácil saber hacia dónde queremos ir.

Si echamos raíces, de nuestro árbol comenzarán a salir brotes y seguiremos creciendo.

Pero no basta con echar raíces, hay que seguir cuidando la semillita para que esta crezca:

Cada especie tiene unas necesidades diferentes, igual que las personas. Por ejemplo, unas necesitan más humedad, otras en cambio, más sol.

No todos necesitamos lo mismo ni en el mismo momento.

Eso sí, tanto los árboles como las personas, necesitamos un mínimo de cuidados para poder crecer.

Pero estos deben ser adecuados, precisos, pues a veces queremos regarlos tanto que terminamos ahogándolos y se pudren. Otras, en cambio, si no le prestamos atención, se secan e igualmente mueren.

Por eso es importante conocer qué tipo de cuidados necesita cada «árbol» y en qué momento evolutivo se encuentra.

Me encanta abrazarlos, sí.

Porque son un regalo de la vida… igual que los bebés.

Igual que todos los niños y niñas…

Igual que muchas personas que llegan para quedarse en nuestra vida…

Igual que TÚ y yo.

Igual que Nosotros.

Porque todos somos semillas. Todos vinimos a este mundo siendo un milagro de la vida.

ABRAZA A LA VIDA.

Reflexión inspirada en el cuento SOY UN ARBOL, de Sylvaine Jaoui y Anne Crahay. EDITORIAL KÓKINOS.

AMIGOS DE LOS CUENTOS

Entrevista en Radio Lunita.

www.radiolunitafm.com

Paso por aquí para dejaros la entrevista que Jose Luis Mantecón me ha hecho en su programa «Al filo del Crepúsculo», concretamente en la sección «los cuentos que nunca te contaron».

Ha sido una entrevista muy amena, donde me he sentido muy a gusto, y por supuesto, termino contado un cuento: «Cola de Pez».

Si os apetece, podéis escuchar el programa completo o ir directamente al minuto 1:33:40 que es cuando comienza esta sección.

¡Que la disfrutéis!

¡Muchas gracias Jose Luis, ha sido un placer!

Luz.

REFLEX-RESEÑAS

A mi lado.

Algunas veces, estamos con la vista tan puesta en el futuro, que nos perdemos lo que está pasando. Y lo que está pasando tiene que ver también con las personas que tenemos a nuestro lado.

Algunas veces, miramos tanto al frente, que no vemos los nuevos caminos que se abren a nuestro alrededor, no vemos las posibilidades.

Algunas veces, estamos tan concentrados en lo que vendrá, en lo que queremos que venga, o en lo que nos da miedo que suceda, que no prestamos atención a las personas que conforman nuestro mundo, nuestro presente.

Hasta que un día, algo sucede.

Y alguien te mira.

Y te pregunta cómo estás.

Y te pregunta por aquello que hace tiempo no haces, como contar cuentos o escribir publicaciones. Y te devuelve al momento presente.

Y te mira. Y te sonríe. Y te recuerda que lo que hacías te da vidilla.

Y es que, esperando una vida, se ha paralizado la mía.

Pero los parones sirven. Sirven para reconectar contigo. Para recolocarte. En mi caso, para saber que quiero seguir caminando por el camino de los cuentos y que ese camino, quiero vivirlo acompañada: de vuestro calor, de vuestro cariño; el de mis seres queridos, mi familia, mis amigas, mis amigos, vosotros, mis lectores y seguidores… y la vida que esté por venir, que venga, que la acogeré con los brazos abiertos y seguiré caminando, a su lado.

Gracias por acompañarme en el camino.

Gracias por estar A mi lado.

Cuento: A mi lado, de Anne Mulpas y Marjorie Pourchet. Editorial Pípala.

REFLEX-RESEÑAS

Niños de la calle.

Desde que era pequeña y las monjas nos ponían vídeos sobre niños pobres y las misiones, siempre me ha dado miedo y tristeza: miedo, de ser pobre algún día; y tristeza, de quienes lo son. Nadie debería ser pobre. Todos deberíamos tener cubiertas nuestras necesidades básicas, empezando por tener un techo donde vivir, una familia… un hogar. Sobre todo si estamos hablando de niños.

Desgraciadamente, esto no es así: actualmente hay 30 millones de niños y niñas que crecen pobres en los países más ricos del mundo (un poco fuerte, ¿no os parece?). Paradojas de la vida.

Una vez, una compañera de Gestalt se quedó impresionada por mi actitud. En un descanso fuimos al supermercado a comprarnos algo de comer y a la salida había un chico joven que nos pidió algo de comer para sus hijos.

– ¿Qué necesitas? – Le pregunté.

– Lo que tú puedas, un zumito, leche, pan… lo que puedas.

Le di a la compañera la bolsa de la compra y entré de nuevo al supermercado. Salí con un zumo, pan y jamón york. Cuando nos íbamos a ir, ya montadas en el coche, mi compañera me dijo:

– Qué generosa eres, es que ni te lo has pensado, has entrado del tirón a comprarle algo.

– Si puedo hacerlo, por qué no le voy a ayudar.

– Pero no seas tonta, si eso después lo venderá y se lo gastará en otras cosas, seguro que te ha mentido y ha dicho que es para sus hijos para dar pena.

– Eso ya no es cosa mía, yo he hecho mi parte, que fue ayudar.

Hay muchas personas que piensan así, y a mí me entristece. Me entristece la falta de empatía, sobre todo en estos casos. Tal vez algunos malgasten ese dinero porque tengan algún tipo de adicción, no digo que no, pero, ¿quién soy yo para juzgar la vida de esa persona? A veces me pregunto: ¿cómo habrá llegado hasta aquí? Detrás de esa situación seguro que hay una historia y si puedo tender una mano, en la medida de mis posibilidades, la tiendo.

Molesta ver a los «sin techo» durmiendo en la calle. Molesta cuando alguien nos pide algo en la puerta de un supermercado. Molesta que estemos comiendo y pasen por nuestras mesas pidiendo que le compremos algo, ya sea una pulserita, un llavero de un elefante o unos calcetines. Sin embargo, si tanto molesta, ¿hacemos algo para acabar con las desigualdades sociales o miramos para otro lado?

No quiero mirar para otro lado, por eso os invito (a ayudar) a empatizar y reflexionar con este álbum ilustrado: De Noche en la Calle, de la autora Ángela Lago y la editorial Ekaré. Un álbum que solo está ilustrado porque no le hace falta palabras. Os dejo un video por si le queréis echar un vistazo:

Espero que lo disfrutéis y que no miréis para otro lado.

Un abrazo (tierno y nutritivo, como pan recién hecho).

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La narración oral no es solo contar cuentos.

Reflexiones sobre mi experiencia como Maestra de Ceremonias de Homenajes póstumos.

Abril es el mes del libro y quienes nos dedicamos a la narración oral, en este mes recibimos varias llamadas, todas para la misma fecha. Eso no quiere decir, que solo trabajemos en este mes, ni mucho menos, ni tampoco que dentro de la narración oral a lo único que nos dediquemos sea a contar cuentos.

Desde navidades, estoy trabajando para una empresa que se dedica a hacer homenajes póstumos. Empecé en el tanatorio ASV de Algeciras, ampliando recientemente al de Cádiz y Conil. La verdad que cuando empecé con la narración oral nunca imaginé que haría algo así. Había imaginado e incluso me había planteado prestar mis servicios como maestra de ceremonias para bodas, eventos de empresas, pero nunca como maestra de ceremonias de homenajes póstumos. Cuando acepté el trabajo y empecé a contarlo a familiares y amigos, más de uno me preguntó:

¿En serio? ¿Pero te pagan por eso?

A lo que yo respondía: hombre, no conozco al fallecido, así que por amor a este/a no lo hago.

Y es que estamos acostumbrados a que las palabras de “consuelo» las de un cura, o que un familiar o un amigo/a le dedique unas palabras en la intimidad, pero no que nadie se encargue de redactar un texto con la historia de vida de esta persona y que una maestra de ceremonias vaya a leerlo, en el tanatorio, con el féretro delante, en su honor, como despedida.

Para que os hagáis una idea, funciona de la siguiente manera: la persona fallece, el tanatorio ofrece este servicio y si es aceptado, la empresa se pone en contacto con el familiar o familiares más cercanos que quieran contar cómo era esa persona, dónde nació, quienes eran las personas significativas de su vida, en definitiva, cómo fue esa vida hasta el fin de sus días. Con lo que los familiares cuenten, se redacta un bonito texto, que exprese aquello que se ha transmitido y a la hora acordada de la ceremonia en el tanatorio, voy a leer el texto. Se pueden poner fotos y acompañarlo de un hilo musical, o poner alguna canción que a la persona fallecida le gustara… las posibilidades están abiertas para rendirle el homenaje que se merece. Además, si algún familiar se quiere animar a leer algo personal, que haya escrito aparte del texto, también lo puede hacer, y yo (u otra compañera que esté disponible), como maestra de ceremonia, estaré ahí para apoyar en ese momento.

Es algo duro y bonito a la vez. Es duro, porque estás acompañando en el dolor de todas esas personas que están despidiendo a su ser querido. Y no es lo mismo el fallecimiento de una persona joven que alguien mayor, o de un niño. Tampoco es lo mismo, ni se crea en el mismo ambiente, si el fallecimiento era algo inesperado o que se veía venir como puede ser por una enfermedad. Y es bonito, porque ayudas a esos familiares a transitar el duelo, porque la despedida es algo importante en la superación de este acontecimiento y hacerle una despedida bonita que transmita esperanza da mucha paz en esos momentos.

Si algo estoy aprendiendo de este trabajo, es precisamente que hay que vivir cada día como si fuera el último, porque nunca sabes cuándo será. Nos creemos eternos, que tendremos tiempo para hacer esto o aquello, nos planteamos metas a largo plazo… y sí, está bien tenerlas, pero sin perder lo verdaderamente importante: cómo estas viviendo hoy. Cada mañana cuando abro los ojos me pregunto: ¿Cómo estoy hoy? Y después de pensar “VIVA”, sonrío y chequeo mi cuerpo. Si estoy cansada, si me duele algo, intento ponerle remedio. Si tengo ese día ganas de hablar o de quedar con alguien llamo y/o hago la propuesta. Si no podemos quedar ese día lo cuadramos para otro día, pero yo me quedo tranquila sabiendo que esa persona, ya sea de mi círculo de amistades o familiar, sabe que la quiero y que me importa. Si algún día me voy, sabrá que significó para mí por mis actos. Y si algún día es la otra persona la que se va, yo me quedaré tranquila y no se me quedará esa cosa de cuántos te quiero me callé o cuantas veces tuve ganas de verla, pero antepuse otras cosas. Dejadme que os diga una cosa: nada es más importante que las personas que nos quieren y que queremos. Y al final, lo que nos vamos a llevar no es el éxito como profesionales de tal o cual cosa, ni los coches o casas que hayas podido comprar, sino cómo has hecho sentir a las personas que te rodean, esa es la forma en la que seguirás estando en cada una de ellas.

Tal vez por eso, últimamente estoy poco con las redes sociales… Sinceramente, agradezco los feedbacks y me gustan, claro que sí, pero han perdido importancia para mí. Ahora antepongo la llamada de hora y media con mi prima, el paseo con mi Roca, ver a mis padres, hermanos, sobrinos… y pasar tiempo de calidad con ellos sin estar pendiente de las notificaciones del móvil. Porque el mundo está aquí, bajo nuestros pies, a nuestro alrededor, y no a través de una pantalla. Porque el mundo es naturaleza, el mundo son personas. Y estar en el mundo es compartir. Estar en el mundo, es estar viva/o. Aprovecha que sigues aquí, y disfruta la vida.