REFLEX-RESEÑAS

Niños de la calle.

Desde que era pequeña y las monjas nos ponían vídeos sobre niños pobres y las misiones, siempre me ha dado miedo y tristeza: miedo, de ser pobre algún día; y tristeza, de quienes lo son. Nadie debería ser pobre. Todos deberíamos tener cubiertas nuestras necesidades básicas, empezando por tener un techo donde vivir, una familia… un hogar. Sobre todo si estamos hablando de niños.

Desgraciadamente, esto no es así: actualmente hay 30 millones de niños y niñas que crecen pobres en los países más ricos del mundo (un poco fuerte, ¿no os parece?). Paradojas de la vida.

Una vez, una compañera de Gestalt se quedó impresionada por mi actitud. En un descanso fuimos al supermercado a comprarnos algo de comer y a la salida había un chico joven que nos pidió algo de comer para sus hijos.

– ¿Qué necesitas? – Le pregunté.

– Lo que tú puedas, un zumito, leche, pan… lo que puedas.

Le di a la compañera la bolsa de la compra y entré de nuevo al supermercado. Salí con un zumo, pan y jamón york. Cuando nos íbamos a ir, ya montadas en el coche, mi compañera me dijo:

– Qué generosa eres, es que ni te lo has pensado, has entrado del tirón a comprarle algo.

– Si puedo hacerlo, por qué no le voy a ayudar.

– Pero no seas tonta, si eso después lo venderá y se lo gastará en otras cosas, seguro que te ha mentido y ha dicho que es para sus hijos para dar pena.

– Eso ya no es cosa mía, yo he hecho mi parte, que fue ayudar.

Hay muchas personas que piensan así, y a mí me entristece. Me entristece la falta de empatía, sobre todo en estos casos. Tal vez algunos malgasten ese dinero porque tengan algún tipo de adicción, no digo que no, pero, ¿quién soy yo para juzgar la vida de esa persona? A veces me pregunto: ¿cómo habrá llegado hasta aquí? Detrás de esa situación seguro que hay una historia y si puedo tender una mano, en la medida de mis posibilidades, la tiendo.

Molesta ver a los «sin techo» durmiendo en la calle. Molesta cuando alguien nos pide algo en la puerta de un supermercado. Molesta que estemos comiendo y pasen por nuestras mesas pidiendo que le compremos algo, ya sea una pulserita, un llavero de un elefante o unos calcetines. Sin embargo, si tanto molesta, ¿hacemos algo para acabar con las desigualdades sociales o miramos para otro lado?

No quiero mirar para otro lado, por eso os invito (a ayudar) a empatizar y reflexionar con este álbum ilustrado: De Noche en la Calle, de la autora Ángela Lago y la editorial Ekaré. Un álbum que solo está ilustrado porque no le hace falta palabras. Os dejo un video por si le queréis echar un vistazo:

Espero que lo disfrutéis y que no miréis para otro lado.

Un abrazo (tierno y nutritivo, como pan recién hecho).

REFLEX-RESEÑAS

Cuando os hagáis pequeños: reflexiones sobre el alzhéimer.

Cuento «Cuando os hagáis pequeños» – Uxue Alberdi; Aitziber Akerreta – Editorial Kalandraka

De mis cuatro abuelos, he visto cómo «se hacían pequeños» tres de ellos.

Al principio fue duro, como todas las cosas que se escapan de nuestro entendimiento. El primero fue el Abuelo Manuel:

Como el chiste, decía que iba por tabaco y no volvía. Pero no porque no quisiera volver, sino porque no se acordaba de cómo se volvía, se desorientaba. Entonces, teníamos que ir a buscarlo. Recuerdo estar en el colegio por la tarde y venir una monja a clase y decirme que mi madre había dicho que saliera a buscar a mi abuelo, a ver si dos ojos más lo encontraban, porque mis padres y mis hermanos llevaban ya rato buscándolo y no daban con él. Al final lo encontró mi padre y cuando lo vio hizo como el que no le estaba buscando y le dijo:

  • Hombre Manuel, ¡¿qué hace usted por aquí?!
  • Pues nada, aquí he venido a mover un bloque del espigón que estaba mal puesto
  • ¿y ha podido?
  • Que va, eso no hay manera de moverlo.
  • voy para casa, ¿se viene?
  • Sí…

Y así se lo llevó.

En otras ocasiones te contaba que había visto a Pepe Ruiz y que había estado hablando con él (por poner un nombre, porque no lo recuerdo) y resultaba que a Pepe Ruiz lo había conocido en el ejército y murió joven.

La segunda en hacerse pequeña fue Rosario, su mujer. Me entristecía mucho cuando llegaba a casa de mi abuela y me preguntaba treinta veces quién era yo. Se lo decía:

  • abuela, soy yo, tu nieta Luz Mari, hija de tu Joaquina.
  • ah sí, es verdad hija, ya sé quien eres…

Así a cada rato. Hasta que llegó un momento que no nos conocía a nadie. Se dedicaba a ver la tele, mecerse y chirriar los dientes. Sin embargo, en ese estado también me he reído mucho con ella. Probablemente la he visto reír más que nunca:

Desde joven me gustan mucho los gorros. Un invierno, llegué de la calle y cuando fui a verla me levantaba la mano señalándome el gorro y se lo di. Hizo el amago de querer ponérselo y no podía, así que se lo puse yo. Y sonreía coqueta y feliz.

Otro día, había un vaso al filo de la mesa y ella al verlo lo echó al centro de la misma. Yo pensé: «mira como se ha dado cuenta de que se puede caer», y entonces lo volví a poner en el filo, sin decirle nada. Ella sin decir nada lo volvió a poner en el centro de la mesa. Asombrada, lo volví a poner en el filo, ella lo volvió a poner en el centro… y así repetimos la operación varias veces seguidas sin decir nada, hasta que me dijo:

  • ¡¡¡estate quieta ya, niña!!!

Y seguidamente saltamos a carcajadas las dos.

Cuando la Abuela Pepa empezó a hacerse pequeña, ya no dolía tanto. Había una parte de mí que seguía sintiendo esa tristeza y otra que aceptaba que ya empezaba a decir adiós. De aquella época lo que más recuerdo era que cuando estaba con nosotros llamaba sin cesar a mi tía Pepi: «Pepitaaaaaa… Pepitaaaaa…»

Me gusta pensar que se hacen pequeños porque tienen cosas que resolver con personas que han conocido en su vida, y por eso «las ven y hablan con ellas», y así poder irse en paz.

Me gusta pensar que se hacen pequeños para atreverse a decir y hacer las cosas que de mayores no se atrevieron, y así poder irse en paz.

Me gusta pensar que se hacen pequeños para dar la lata que no dieron porque estuvieron por y para los demás, y así poder irse en paz.

Y sobre todo, me gusta pensar en ellos. En mi abuelo Francisco también, que no lo vi hacerse pequeño y fue el primero en decirme adiós. Al menos, pude despedirme de él.

A todos ellos hoy le doy las gracias, por cada uno de sus momentos: de mayores y de pequeños. Os quiero.

Gracias por haberme enseñado a amaros, SIEMPRE, en todos vuestros momentos.

REFLEX-RESEÑAS

El Mundo es Tuyo: conectando con la vida


AUTOR: RICCARDO BOZZI – EDITORIAL: EDITORIAL JUVENTUD

Si tu dolencia es la desesperanza, la desidia o cualquier sentimiento que carezca de conexión con la vida, El Mundo es Tuyo puede venirte muy bien para recordarte que eres libre:

  • de jugar
  • de amar
  • de pensar
  • de estar triste
  • y de ser feliz

porque el mundo es tuyo y tú decides qué hacer en él y con él, con el mundo exterior y con tu mundo interior.

En mi viaje a Italia tuve presente este cuento, se me venía a la cabeza una y otra vez y sabía que a la vuelta la siguiente Reflex-Reseña sería esta. Curiosamente, además, su autor es italiano….¿casualidad o sincronía?

Hacía mucho que no viajaba; hacía mucho que no viajaba en plan mochilera; y jamás había viajado en solitario. A pesar del COVID, de los papeles que tuve que rellenar, vacunarme, los controles del aeropuerto… ha sido un viaje que he disfrutado mucho y en el que las sensaciones de movimiento y libertad me han acompañado durante los cinco días, hasta mi vuelta.

Me di cuenta que era yo quien decidía si quedarme en mi pueblo quejándome del Covid y no moverme o viajar a pesar de las limitaciones, ya que la posibilidad de hacerlo estaba ahí. Fui más consciente de que tengo la posibilidad de transformar mi vida en función de las decisiones que voy tomando y que viajar es una decisión que me hace sentir felicidad y es en esa dirección donde quiero que vayan mis decisiones.

Viajar me conecta con la vida. Hace que me sienta parte del mundo, explorando sus calles, sus construcciones, la forma de expresar su cultura, su ocio… es abrirte a nuevas experiencias y a un nuevo aprendizaje. De este viaje he aprendido tres cosas:

  • LOS «POR SI» SOBRAN. Pesan en la mochila y hace que tu camino sea más doloroso y cansado. Cuando me sentía así pensaba: «¿de qué puedo/quiero desprenderme?» Así que solté un par de cosas que me sobraban y seguí mi camino sabiendo que en la vida hay que andar con lo justo y necesario.
  • CONFÍA EN TU CAPACIDAD DE IMPROVISACIÓN. Dejé el viaje abierto a cambios y esto hizo que lo disfrutara prestando atención a lo que me sucedía en cada momento, escuchando si estaba cansada, si me apetecía ir a otro sitio del que había planeado en un primer momento, si perdía un tren… tenía siempre los recursos necesarios para enderezar o cambiar la situación y en medio de todo esto aparecían situaciones maravillosas como ver sitios que no había imaginado o hablaba con alguien que si no hubiera cogido «ese» tren no hubiera hablado.
  • AL IGUAL QUE EN «EL VIAJE DE LA VIDA», HAY MOMENTOS PARA TODO: hay momentos para ilusionarte y sentir cosquillas en la barriga; para que la curiosidad te lleve a explorar preciosas calles recónditas; hay momentos para emocionarte, llorar e incluso cabrearte (así fue la vuelta… no me quería venir jijiji), porque todas esas emociones forman parte de ti, de tu ser, y hay que dejarles un sitio para luego dejarlas ir y seguir recorriendo la vida, sintiéndote parte de algo tan grande y maravilloso como es El Mundo en el que vivimos.

Porque El Mundo es tu Tuyo…

…. y tú eres el mundo.

REFLEX-RESEÑAS

Yo voy conmigo: cuarentona, solterona y feliz.

Yo voy conmigo

AUTORA: RAQUEL DIAZ REGUERA

EDITORIAL: THULE EDICIONES SL

Sin lugar a dudas, YO VOY CONMIGO es mi cuento favorito. Tiene un lugar especial en casa, lo tengo en modo cuadro, para mirarlo de vez de en cuando y recurrir a él cuando me despiste. Fue el primer cuento que me compré tras mi primer taller de Cuentoterapia y por supuesto, tenía que inaugurar la sección REFLEX-RESEÑAS.

Las Reflex-Reseñas pretenden ser anti-inflamatorios para el alma, según tu dolencia. Si como yo, eres de esas personas que se olvidan o se han olvidado de sí mismas para vivir por los demás, intentando gustar, encajar, agradar, complacer… tienes que hacerte con este cuento.

Nunca imaginé que llegaría a los 40 así: soltera, sin hijos y sorprendentemente feliz. Creía que llegar a esta edad así era un fracaso absoluto. Al menos así te lo hace ver gran parte de la sociedad e incluso, ejercen cierta presión para que te cases, tengas hijos, y hagas «lo que corresponde a cada edad». Y lo intenté. Os juro que lo intenté. Pero no vivía en coherencia con lo que realmente quería y era tremendamente infeliz, nunca me entregaba del todo con mis parejas y también les he hecho infelices a ellos.

Lo cierto es que siempre he sido muy imaginativa e inquieta. Siempre me había imaginado viajando de un sitio para otro, trabajando en lo que me gusta: contar y escribir historias. Pero en lugar de enfocarme en eso, vivía como se suponía que tenía que vivir una chica como yo. Siempre me ha gustado pasar gran parte de mi tiempo en soledad, escribiendo, leyendo, haciendo cerámica, escuchando música o simplemente imaginando historias que contar. Y no es que no me guste estar en pareja y por supuesto me encanta compartir momentos con amigos y familiares, pero requiero de ambas cosas para estar bien conmigo misma.

Sin embargo, toda la vida he estado complaciendo a los demás. He quedado con amigos o familiares cuando me había organizado ese día para estudiar, escribir o simplemente quedarme en casa conmigo, renunciando a mis necesidades por cumplir con los demás. He tenido el «modelo de pareja» y me he comportado acorde a este modelo para encajar, olvidándome de mí, de mi forma de ver, sentir, y estar en la vida.

No vale estar complaciendo ni cambiar nada de ti para gustarle a los demás o para recibir amor. Es algo que he aprendido, al mismo tiempo que he aprendido que no hay una única forma de ser ni de estar en el mundo y que todas, TODAS, son VÁLIDAS.

Si estás casado/a y con hijos/as Y ERES FELIZ…. ESTA BIEN

Si estás divorciada/o con o sin hijos, Y ERES FELIZ… ESTA BIEN.

Si eres CUARENTONA (o cualquier edad) SOLTERONA Y ERES FELIZ….ESTA BIEN.

La cuestión es vivir en coherencia con lo que quieres y/o necesitas en cada momento.

Por eso desde hace un tiempo,YO VOY CONMIGO, priorizo mis necesidades y vivo en coherencia con lo que quiero y necesito AHORA. Es lo que me hace llegar a los 40 así y sentirme feliz. Y tal vez mañana….

Tal vez….

…SEA OTRA HISTORIA