Me encanta abrazar árboles.
Sí, ya sé que estarás pensando «la loca esta», pero no creo que haya nada de loco en sentirse en conexión con la madre naturaleza. Al igual que ocurre en ella, venimos de semillas que echan raíces en el útero materno para luego ir creciendo y convertirnos en quienes somos.
Si echa raíces, la semilla agarrará y empezará a crecer.
Si conocemos nuestras raíces, sabremos de dónde venimos y será más fácil saber hacia dónde queremos ir.
Si echamos raíces, de nuestro árbol comenzarán a salir brotes y seguiremos creciendo.
Pero no basta con echar raíces, hay que seguir cuidando la semillita para que esta crezca:
Cada especie tiene unas necesidades diferentes, igual que las personas. Por ejemplo, unas necesitan más humedad, otras en cambio, más sol.
No todos necesitamos lo mismo ni en el mismo momento.
Eso sí, tanto los árboles como las personas, necesitamos un mínimo de cuidados para poder crecer.
Pero estos deben ser adecuados, precisos, pues a veces queremos regarlos tanto que terminamos ahogándolos y se pudren. Otras, en cambio, si no le prestamos atención, se secan e igualmente mueren.
Por eso es importante conocer qué tipo de cuidados necesita cada «árbol» y en qué momento evolutivo se encuentra.
Me encanta abrazarlos, sí.
Porque son un regalo de la vida… igual que los bebés.
Igual que todos los niños y niñas…
Igual que muchas personas que llegan para quedarse en nuestra vida…
Igual que TÚ y yo.
Igual que Nosotros.
Porque todos somos semillas. Todos vinimos a este mundo siendo un milagro de la vida.
ABRAZA A LA VIDA.

Reflexión inspirada en el cuento SOY UN ARBOL, de Sylvaine Jaoui y Anne Crahay. EDITORIAL KÓKINOS.