Cuando era pequeña recuerdo a mi padre comer pipas cuando paseábamos por el centro de Cádiz. Le recuerdo echándose las cáscaras en una mano y vaciaba esta en la primera papelera que veía para seguir comiendo pipas y así durante todo el paseo.
Hoy en día yo hago lo mismo, por eso me pone de mala pipa ver a quienes tiran las pipas al suelo. Bueno, las pipas, los paquetes de pipas, patatas, latas, etc. Eso me pone de muuuuuuuuuy mala pipa.
Sin embargo, esas cosas no la suelen hacer la gente pipa, porque saben que cuidar de su ciudad es cuidar de si mismo también, ¿a quién le gusta pasear o sentarse en un lugar sucio y descuidado a charlar?
Últimamente cuando voy temprano para trabajar paso por la plaza de mi barrio y está sucia, de quienes por la noche, a la fresquita, se ponen a charlar, comer y beber… ya vendrá el basurero a quitarlo. Sí, y lo quita, pero entre que va y que viene la plaza está sucia. Además, el basurero también puede vaciar las papeleras, papeleras que se encontrará vacías…. y eso me pone de muuuuuuuy mala pipa. Como la protagonista de este cuento, que dicen de ella que es una pipa muuuuuuuuuy mala.
Pero, ¿sabéis? NO ES una pipa mala. Por circunstancias, se acostumbró a ser mala…. y ahora, ha aprendido a portarse bien, aunque a veces se sigue portando mal, pero lo intenta, porque se pueden cambiar las malas maneras. Por eso uno NO ES malo o bueno, sino que se está de buenas o se está de malas. Y se puede estar de las dos formas, que es lo que transmite este cuento y por eso me ha gustado, además de que me ha parecido muy divertida la forma de contar la historia.
No se puede conocer la luz sin la sombra, porque para conocer lo que es pasárselo pipa…
…¡también hay que saber lo que es estar de mala pipa!
P. D. : Vecinos, pasároslo pipa, sííííííííííííííííííí…. ¡¡y cuidad también de vuestra plaza, podéis cambiar vuestras malas maneras!!…
¡¡ O me pongo de mala pipa !!
