REFLEX-RESEÑAS

¿Y yo qué puedo hacer? Pequeños Gestos que Cambian el Mundo.

“A veces las noticias nos abruman y sentimos que no podemos hacer nada. Pero un cuento me recordó que los pequeños gestos cotidianos también cambian el mundo.”

En casa, comíamos viendo las noticias.

Lo odiaba.

  • ¿Por qué vemos las noticias a la hora de comer? Se me quita el hambre – le reprochaba a mi padre.
  • Porque hay que estar enterado de lo que pasa en el mundo – me respondía sin quitar la mirada de la tele.

Lo pasaba mal, tanto, que de mayor ni leo periódicos ni veo noticias. E incluso muchos años he estado sin tele en casa.

Pero ahora están las redes sociales. Y no solo te muestran las noticias, sino también cómo se siente todo el mundo con respecto a ellas. A veces, abres Instagram o Facebook y lo que te invade es la negatividad, el enfado o la tristeza ajena.

Y entonces surge la pregunta:

¿Y yo qué puedo hacer?

O cierras la aplicación o te contagias de esa energía.

Soy muy sensible a esas cosas. Por eso suelo llenar mis redes de reflexiones que van hacia lo que sí podemos hacer. Hacia la positividad. Porque así es la vida, con sus alegrías y sus desgracias, y a veces, nos sentimos abrumados con las desgracias grandes que le pasan a otros, que vemos en las noticias, en las redes… pero, ¿Qué podemos hacer?

Tal vez no podemos hacer nada con lo que ocurre en otros lugares, pero sí podemos hacer mucho en nuestro entorno.

Aunque no conozcamos a la persona.

Puedes ayudar a tu vecina con el carrito del bebé y las bolsas de la compra.

Puedes tender la mano a alguien que baja las escaleras con dificultad.

Puedes dejar que alguien se siente contigo en el bar cuando no quedan mesas libres.

Puedes ofrecer un bocadillo o ropa a quien rebusca en la basura.

Sí, puedes hacer muchas cosas.

Y esas pequeñas cosas son las que, de verdad, cambian el mundo. Son las que transforman un día gris en uno más luminoso, las que alivian una carga o acompañan una soledad.

Porque siempre que se nos presente la ocasión podemos tener la siguiente pregunta en la punta de la lengua:

¿Y yo qué puedo hacer?

Cuento: ¿Y yo qué puedo hacer?, José Campanari y Jesús Cisneros. Editorial: OQO Editora.

Aquí tenéis una narración del inicio del cuento.
Y aquí hablando un poquito sobre él.

REFLEX-RESEÑAS

De verdad que no podía.

«Marc quería dormir.

De verdad que quería.

Pero no podía dormir.

De verdad que no podía.»

Si me seguís por redes, sabéis que recientemente he sido mamá. Si eres nueva/o por aquí, te lo digo ahora: me estoy estrenando con un nuevo episodio de aventuras en mi vida llamado MATERNIDAD.

He tenido la suerte de tener un bebé tranquilo. O puede ser que yo le transmita tranquilidad, no lo sé, pues me tomo todo con bastante calma (será que me pilla con 42 años ya…). O puede ser una mezcla de las dos cosas. Sea como sea, lo cierto es que desde hace un tiempo no me quito este cuento de la cabeza: «DE VERDAD QUE NO PODÍA».

El cuento comienza tal como os he escrito al principio. Marc es un niño que no puede dormir y su mamá hace malabares y se inventa todo tipo de cosas creativas para quitarle los miedos y que se duerma… y se va, pero nada funciona. Finalmente su mamá encuentra la forma en la que Marc se duerma.

A mi bebé le cuesta quedarse dormido, tarda un rato. Al principio lo meneaba en el carrito, lo cogía en brazos y lo balanceaba, le cantaba nanas… hasta que descubrí que si lo echaba en la cunita, le ponía el chupete, le acariciaba la carita y me quedaba mirándolo, se relajaba. O si lo tomaba en brazos y me sentaba tranquila, mirándolo y acariciándolo, también funcionaba. Eso sí, esto me funciona en condiciones normales, que no le duela nada , o no esté estreñido y no pueda, ya sabéis, hacer caquita.

Aunque lo haga así, tarda igualmente en dormirse: cierra los ojos y al poco los abre para asegurarse de que sigo ahí, y lo hace varias veces. Me mira, me sonríe, y vuelve a cerrar los ojos. Y yo sigo ahí, mirándolo, asegurándome de que tenga dulces sueños. Solo ahí es cuando me voy y hago mis cosas, como por ejemplo, escribir este post. No tengo prisa por irme, porque quedarme significa que se quedará dormido antes.

Sé que no todas las experiencias sobre la maternidad son iguales, que no todos los bebés son iguales, pero sí tienen algo en común: necesitan amor y sentirse seguros. Y tu presencia, consciente y plena, es la única forma de poder dárselo. Y eso es lo que nos enseña este magnífico cuento de la editorial Kókinos.

Y tú, ¿Cómo duermes a tu bebé o a tu hijo/a ya más mayorcito/a? Te leo en los comentarios.

Abrazos y dulces sueños,

Luz.