La educación hoy en día es un derecho y además, es un bien público y una responsabilidad colectiva.
Pero, ¿por qué es tan importante la educación en la vida de las personas? La respuesta no está solo en el bien que la educación puede aportar a cada persona, sino en el bien global: se trata del mundo que queremos y el mundo que queremos dejar a los que vengan detrás.
¿En qué queremos convertirnos? ¿Qué queremos aportar? ¿Cuáles son nuestros valores?
Como dice mi amiga Clara: “el arbolito, desde chiquitito”. Y no le falta razón. Pero, ¿qué pasa cuando un árbol adulto está podrido, dañado o roto por los acontecimientos del paso del tiempo?
Una educación de calidad te invita a transformarte. Y es aquí donde el árbol adulto, podrido, dañado o roto, toma especial relevancia. Porque no solo hay que educar a los más pequeños, sino hay que reeducar a los adultos que venimos de una generación donde los sueños se perdieron por el camino y dejamos de creer y amar la vida.
Es importante educar en valores para una sociedad desarrollada con personas que se sientan realizadas y por ende más felices desde pequeños, pero la realidad es que muchos adultos, por no decir la mayoría, nos han educado adoctrinándonos para memorizar contenidos y “portarnos bien”, sin importar nuestros gustos y habilidades. Nos han educado para ser el mejor de la clase y por tanto triunfarías en la vida o por el contrario serías un fracasado. Nos hicieron creer que si memorizábamos contenido tendríamos un trabajo fijo que nos haría felices, pero nadie nos transmitió el amor ni la importancia de aquello que “aprendíamos”. Tampoco nadie tuvo en cuenta nuestros dones, nuestros gustos o sueños y si te atrevías a decirlo el mensaje era algo así como “te vas a morir de hambre”. Entonces, para no morirte de hambre, estudias algo que tenga salida, que puedes hacer pero que no te apasiona, o trabajas de lo primero que te sale y te quedas agarrado a un clavo ardiendo para siempre. Poco a poco te vas apagando, porque tus dones, aquello que realmente se te da bien y sabes hacer de manera natural y sin esfuerzo, se ven solapados por un montón de mensajes que nos dijeron de pequeños.
Por eso, no solo hay que educar a las nuevas generación en valores de respeto, tolerancia, igualdad, inclusión, cooperación… hay que sacar lo mejor de ellos para que puedan aportar su semilla en este mundo y hay que reeducar a aquellos adultos que ya no creen en sí mismos y se encuentran entristecidos porque no se sienten realizados.
Y no conozco mejor herramienta para sembrar estas semillas y potenciar todos estos valores , que los cuentos. Hoy en día existen multitud de cuentos o álbumes ilustrados muy buenos, que contribuyen con estos valores de desarrollo sostenible y además, tenemos también los cuentos maravillosos, que contienen toda la sabiduría de nuestros antepasados para transmitir valores y resolver conflictos, aunque estos hoy sean tachados de machistas o crueles, ya que así nos los hizo ver la factoría Disney. Pero esto, es otra historia…