REFLEX-RESEÑAS

La Paz empieza por ti: ¿Cómo estás cultivando la paz en tu vida?

La Paz no es algo que se encuentra, sino algo que se cultiva.

¿Qué pasaría si cada uno de nosotros decidiera hacer su parte para construir un mundo más pacífico?

Hace unos días se celebró en los colegios el Día de la Paz y la No Violencia. Es importante transmitirle a los más pequeños valores como el respeto, la tolerancia, igualdad, justicia, lealtad, y sobre todo, amor. Pero más allá de la celebración, la paz es un compromiso diario. Y la mejor manera de transmitir estos valores es viviéndolos en nosotros mismos.

¿Cómo cultivas la paz en tu día a día?

Cada jornada nos presenta desafíos: momentos de estrés, desacuerdos, impaciencia… ¿Cómo reaccionamos ante ellos? ¿De qué manera podemos transformar esas emociones en algo constructivo? Tomarnos un respiro antes de responder, practicar la escucha activa, aprender a expresar lo que sentimos con asertividad y, sobre todo, conocernos a nosotros mismos, son pasos clave. El desarrollo personal es fundamental en este proceso.

La paz comienza en ti.

Cuando nos sentimos bien, en paz, nuestras acciones van encaminadas a la bondad, el respeto y a todos los valores mencionados anteriormente. En cambio, cuando cargamos con asuntos sin resolver, esas emociones pueden manifestarse de formas inesperadas, afectando a nuestras relaciones y nuestro entorno.

Cuenta una antigua leyenda guaraní que, ante un gran incendio en la selva, un pequeño colibrí comenzó a llevar gotas de agua en su pico para intentar apagarlo. Los demás animales, al verlo, se burlaban:

—Eres muy pequeño, nunca lo lograrás.

Pero el colibrí, sin detenerse, respondía:

—Sé que no puedo apagarlo yo solo, pero esta selva es mi hogar, me da alimento y refugio. Hago mi parte porque formo parte de ella, y ella de mí.

Dicen que los espíritus del bosque, conmovidos por su esfuerzo, enviaron una gran lluvia que apagó el incendio.

Nuestras pequeñas acciones también tienen impacto.

Si queremos un mundo más pacífico, el cambio empieza en nosotros. Con cada gesto consciente, con cada elección basada en el respeto y la empatía, estamos sumando.

Si deseamos un mundo mejor para las futuras generaciones, empecemos por mejorar nuestro propio mundo interior.

REFLEX-RESEÑAS

Cuando os hagáis pequeños: reflexiones sobre el alzhéimer.

Cuento «Cuando os hagáis pequeños» – Uxue Alberdi; Aitziber Akerreta – Editorial Kalandraka

De mis cuatro abuelos, he visto cómo «se hacían pequeños» tres de ellos.

Al principio fue duro, como todas las cosas que se escapan de nuestro entendimiento. El primero fue el Abuelo Manuel:

Como el chiste, decía que iba por tabaco y no volvía. Pero no porque no quisiera volver, sino porque no se acordaba de cómo se volvía, se desorientaba. Entonces, teníamos que ir a buscarlo. Recuerdo estar en el colegio por la tarde y venir una monja a clase y decirme que mi madre había dicho que saliera a buscar a mi abuelo, a ver si dos ojos más lo encontraban, porque mis padres y mis hermanos llevaban ya rato buscándolo y no daban con él. Al final lo encontró mi padre y cuando lo vio hizo como el que no le estaba buscando y le dijo:

  • Hombre Manuel, ¡¿qué hace usted por aquí?!
  • Pues nada, aquí he venido a mover un bloque del espigón que estaba mal puesto
  • ¿y ha podido?
  • Que va, eso no hay manera de moverlo.
  • voy para casa, ¿se viene?
  • Sí…

Y así se lo llevó.

En otras ocasiones te contaba que había visto a Pepe Ruiz y que había estado hablando con él (por poner un nombre, porque no lo recuerdo) y resultaba que a Pepe Ruiz lo había conocido en el ejército y murió joven.

La segunda en hacerse pequeña fue Rosario, su mujer. Me entristecía mucho cuando llegaba a casa de mi abuela y me preguntaba treinta veces quién era yo. Se lo decía:

  • abuela, soy yo, tu nieta Luz Mari, hija de tu Joaquina.
  • ah sí, es verdad hija, ya sé quien eres…

Así a cada rato. Hasta que llegó un momento que no nos conocía a nadie. Se dedicaba a ver la tele, mecerse y chirriar los dientes. Sin embargo, en ese estado también me he reído mucho con ella. Probablemente la he visto reír más que nunca:

Desde joven me gustan mucho los gorros. Un invierno, llegué de la calle y cuando fui a verla me levantaba la mano señalándome el gorro y se lo di. Hizo el amago de querer ponérselo y no podía, así que se lo puse yo. Y sonreía coqueta y feliz.

Otro día, había un vaso al filo de la mesa y ella al verlo lo echó al centro de la misma. Yo pensé: «mira como se ha dado cuenta de que se puede caer», y entonces lo volví a poner en el filo, sin decirle nada. Ella sin decir nada lo volvió a poner en el centro de la mesa. Asombrada, lo volví a poner en el filo, ella lo volvió a poner en el centro… y así repetimos la operación varias veces seguidas sin decir nada, hasta que me dijo:

  • ¡¡¡estate quieta ya, niña!!!

Y seguidamente saltamos a carcajadas las dos.

Cuando la Abuela Pepa empezó a hacerse pequeña, ya no dolía tanto. Había una parte de mí que seguía sintiendo esa tristeza y otra que aceptaba que ya empezaba a decir adiós. De aquella época lo que más recuerdo era que cuando estaba con nosotros llamaba sin cesar a mi tía Pepi: «Pepitaaaaaa… Pepitaaaaa…»

Me gusta pensar que se hacen pequeños porque tienen cosas que resolver con personas que han conocido en su vida, y por eso «las ven y hablan con ellas», y así poder irse en paz.

Me gusta pensar que se hacen pequeños para atreverse a decir y hacer las cosas que de mayores no se atrevieron, y así poder irse en paz.

Me gusta pensar que se hacen pequeños para dar la lata que no dieron porque estuvieron por y para los demás, y así poder irse en paz.

Y sobre todo, me gusta pensar en ellos. En mi abuelo Francisco también, que no lo vi hacerse pequeño y fue el primero en decirme adiós. Al menos, pude despedirme de él.

A todos ellos hoy le doy las gracias, por cada uno de sus momentos: de mayores y de pequeños. Os quiero.

Gracias por haberme enseñado a amaros, SIEMPRE, en todos vuestros momentos.

AMIGOS DE LOS CUENTOS

La Cháchara Cuentacuentos

Un programa de radio familiar dedicado a los cuentos y más.

Recibí un mensaje de WhatsApp con el enlace del primer episodio en el momento en el que me disponía a entrar en el súper.

-Luego lo escucho tranquila – respondí.

Llegué a casa y me dispuse a hacer la cena. Entonces me acordé del mensaje. Pinché en el enlace y mientras cocinaba lo iba escuchando de fondo. De repente ya no me encontraba sola haciendo la cena, porque la cocina se me había llenado de un entrañable ambiente familiar que me hizo sentir acompañada.

Me vinieron muchos recuerdos de cuando era pequeña y empecé a saborearlo despacito, conectando con la niña que fui, con la casa en la que crecí y con las personas que compartí mi infancia. Se me pusieron los vellos de punta.

Reflexioné y me acordé de la presencia que por entonces tenía la radio en casa. Recordé a mi abuelo con su radio de bolsillo pegada a la oreja escuchando el fútbol mientras caminaba de un lado para otro; a mi madre escuchando copla en la cocina; a mi hermana estudiando con la Cadena Dial flojita (costumbre que luego adquirí yo y estudiaba mientras escuchaba el programa «Desmárcate» de Cadena Dial. Nunca fue tan divertido estudiar); a mi hermano con la lista de los 40 principales; los domingos de vuelta del campo escuchando el carrusel deportivo… Se consumía mucha radio entonces, de hecho, mi nombre me lo pusieron porque mi madre, embarazada de mí, escuchaba la radio novela de «Lucecita», que a años más tarde televisaron.

La radio tiene algo especial, es como si nos susurraran al oído aquello que nos gusta…

Los cuentos tienen algo especial, nos adentra en un mundo mágico donde todo es posible…

La Cháchara une la magia de la radio con la magia de los cuentos, con unas voces narradoras que suenan a familia bonita, de esas que se forjan con buenos valores y hacen sentir armonía y calorcito de hogar.

No os perdáis estos episodios, llenos de cuentos y curiosas curiosidades. Llevan 4, pero estoy segura de que Marco Flecha y su familia cuentera aún tiene mucho que contarnos….

Y que así sea 😊

Os lo dejo por aquí:

https://youtube.com/c/lach%C3%A1charaCuentacuentos

REFLEX-RESEÑAS

El Mundo es Tuyo: conectando con la vida


AUTOR: RICCARDO BOZZI – EDITORIAL: EDITORIAL JUVENTUD

Si tu dolencia es la desesperanza, la desidia o cualquier sentimiento que carezca de conexión con la vida, El Mundo es Tuyo puede venirte muy bien para recordarte que eres libre:

  • de jugar
  • de amar
  • de pensar
  • de estar triste
  • y de ser feliz

porque el mundo es tuyo y tú decides qué hacer en él y con él, con el mundo exterior y con tu mundo interior.

En mi viaje a Italia tuve presente este cuento, se me venía a la cabeza una y otra vez y sabía que a la vuelta la siguiente Reflex-Reseña sería esta. Curiosamente, además, su autor es italiano….¿casualidad o sincronía?

Hacía mucho que no viajaba; hacía mucho que no viajaba en plan mochilera; y jamás había viajado en solitario. A pesar del COVID, de los papeles que tuve que rellenar, vacunarme, los controles del aeropuerto… ha sido un viaje que he disfrutado mucho y en el que las sensaciones de movimiento y libertad me han acompañado durante los cinco días, hasta mi vuelta.

Me di cuenta que era yo quien decidía si quedarme en mi pueblo quejándome del Covid y no moverme o viajar a pesar de las limitaciones, ya que la posibilidad de hacerlo estaba ahí. Fui más consciente de que tengo la posibilidad de transformar mi vida en función de las decisiones que voy tomando y que viajar es una decisión que me hace sentir felicidad y es en esa dirección donde quiero que vayan mis decisiones.

Viajar me conecta con la vida. Hace que me sienta parte del mundo, explorando sus calles, sus construcciones, la forma de expresar su cultura, su ocio… es abrirte a nuevas experiencias y a un nuevo aprendizaje. De este viaje he aprendido tres cosas:

  • LOS «POR SI» SOBRAN. Pesan en la mochila y hace que tu camino sea más doloroso y cansado. Cuando me sentía así pensaba: «¿de qué puedo/quiero desprenderme?» Así que solté un par de cosas que me sobraban y seguí mi camino sabiendo que en la vida hay que andar con lo justo y necesario.
  • CONFÍA EN TU CAPACIDAD DE IMPROVISACIÓN. Dejé el viaje abierto a cambios y esto hizo que lo disfrutara prestando atención a lo que me sucedía en cada momento, escuchando si estaba cansada, si me apetecía ir a otro sitio del que había planeado en un primer momento, si perdía un tren… tenía siempre los recursos necesarios para enderezar o cambiar la situación y en medio de todo esto aparecían situaciones maravillosas como ver sitios que no había imaginado o hablaba con alguien que si no hubiera cogido «ese» tren no hubiera hablado.
  • AL IGUAL QUE EN «EL VIAJE DE LA VIDA», HAY MOMENTOS PARA TODO: hay momentos para ilusionarte y sentir cosquillas en la barriga; para que la curiosidad te lleve a explorar preciosas calles recónditas; hay momentos para emocionarte, llorar e incluso cabrearte (así fue la vuelta… no me quería venir jijiji), porque todas esas emociones forman parte de ti, de tu ser, y hay que dejarles un sitio para luego dejarlas ir y seguir recorriendo la vida, sintiéndote parte de algo tan grande y maravilloso como es El Mundo en el que vivimos.

Porque El Mundo es tu Tuyo…

…. y tú eres el mundo.

REFLEX-RESEÑAS

Yo voy conmigo: cuarentona, solterona y feliz.

Yo voy conmigo

AUTORA: RAQUEL DIAZ REGUERA

EDITORIAL: THULE EDICIONES SL

Sin lugar a dudas, YO VOY CONMIGO es mi cuento favorito. Tiene un lugar especial en casa, lo tengo en modo cuadro, para mirarlo de vez de en cuando y recurrir a él cuando me despiste. Fue el primer cuento que me compré tras mi primer taller de Cuentoterapia y por supuesto, tenía que inaugurar la sección REFLEX-RESEÑAS.

Las Reflex-Reseñas pretenden ser anti-inflamatorios para el alma, según tu dolencia. Si como yo, eres de esas personas que se olvidan o se han olvidado de sí mismas para vivir por los demás, intentando gustar, encajar, agradar, complacer… tienes que hacerte con este cuento.

Nunca imaginé que llegaría a los 40 así: soltera, sin hijos y sorprendentemente feliz. Creía que llegar a esta edad así era un fracaso absoluto. Al menos así te lo hace ver gran parte de la sociedad e incluso, ejercen cierta presión para que te cases, tengas hijos, y hagas «lo que corresponde a cada edad». Y lo intenté. Os juro que lo intenté. Pero no vivía en coherencia con lo que realmente quería y era tremendamente infeliz, nunca me entregaba del todo con mis parejas y también les he hecho infelices a ellos.

Lo cierto es que siempre he sido muy imaginativa e inquieta. Siempre me había imaginado viajando de un sitio para otro, trabajando en lo que me gusta: contar y escribir historias. Pero en lugar de enfocarme en eso, vivía como se suponía que tenía que vivir una chica como yo. Siempre me ha gustado pasar gran parte de mi tiempo en soledad, escribiendo, leyendo, haciendo cerámica, escuchando música o simplemente imaginando historias que contar. Y no es que no me guste estar en pareja y por supuesto me encanta compartir momentos con amigos y familiares, pero requiero de ambas cosas para estar bien conmigo misma.

Sin embargo, toda la vida he estado complaciendo a los demás. He quedado con amigos o familiares cuando me había organizado ese día para estudiar, escribir o simplemente quedarme en casa conmigo, renunciando a mis necesidades por cumplir con los demás. He tenido el «modelo de pareja» y me he comportado acorde a este modelo para encajar, olvidándome de mí, de mi forma de ver, sentir, y estar en la vida.

No vale estar complaciendo ni cambiar nada de ti para gustarle a los demás o para recibir amor. Es algo que he aprendido, al mismo tiempo que he aprendido que no hay una única forma de ser ni de estar en el mundo y que todas, TODAS, son VÁLIDAS.

Si estás casado/a y con hijos/as Y ERES FELIZ…. ESTA BIEN

Si estás divorciada/o con o sin hijos, Y ERES FELIZ… ESTA BIEN.

Si eres CUARENTONA (o cualquier edad) SOLTERONA Y ERES FELIZ….ESTA BIEN.

La cuestión es vivir en coherencia con lo que quieres y/o necesitas en cada momento.

Por eso desde hace un tiempo,YO VOY CONMIGO, priorizo mis necesidades y vivo en coherencia con lo que quiero y necesito AHORA. Es lo que me hace llegar a los 40 así y sentirme feliz. Y tal vez mañana….

Tal vez….

…SEA OTRA HISTORIA

CUENTOS MARAVILLOSOS

Redescubriendo los Cuentos Maravillosos

Hola, me llamo Luz y me declaro oficialmente defensora de los cuentos tradicionales.

Sí, sí. Sé lo que estás pensando: ¿de los cuentos tradicionales? ¡Sin son crueles y machistas! ¡Con los cuentos más chulos que hay ahora!

Sí, es verdad. Ahora hay unos cuentos chulísimos, que también me encantan.  Y durante mucho tiempo, yo también estuve enfadada y culpaba a los cuentos tradicionales de muchas cosas. Hasta que los descubrí de verdad. Hasta que entendí que no tenía ni idea de cuántos cuentos tradicionales existían más allá de los que Disney cambió y dulcificó y de los 4 o 5 que todo el mundo regalaba por entonces. Estudiando a fondo los cuentos tradicionales me di cuenta de dos cosas:

En primer lugar, los cuentos, como la vida, son como tú los quieras ver. Los cuentos son polisémicos, es decir, cada uno lo interpreta en función de su realidad, de lo que conoce. Son crueles algunos, claro que sí, pero, ¿es que acaso la vida no es cruel a veces? Los cuentos son un mapa para resolver conflictos, en ellos están reflejados los conflictos que son comunes al ser humano y cómo resolverlos. Se premia siempre la astucia y la bondad y se castiga la maldad. Siempre acaban bien porque nos da la esperanza de que los conflictos se pueden solucionar, si evolucionamos y aprendemos de ellos.  Están disfrazados como algo para niños, y sin embargo más de un adulto debería contarles estos cuentos a su niño/a interior… y deberíamos de contárselos también a los niños, porque ellos no lo ven como nosotros, ellos saben perfectamente que es un cuento, con su érase que se era…colorín colorado, y está bien que le enseñemos que en los cuentos ocurren esas cosas para que cuando empiecen a darse cuenta que la vida a veces también es cruel, no les coja de sorpresa y  tal vez les cueste un poco menos sobrellevarlo.

En segundo lugar, me di cuenta que habían muchísimos cuentos, más de la mitad, cuyas protagonistas eran mujeres. También había cuentos en los que el protagonista era un chico, pero que en realidad la voz cantante la llevaba ella. ¿Cuántos matrimonios a lo largo de la historia e incluso ahora, hay así? Si te fijas, seguro que conoces alguno.  

Además, si analizamos estos cuentos, detrás de ellos hay otra historia, una historia que a través de los arquetipos y sus símbolos van directamente al subconsciente y realmente son estos los que nos solucionan o nos dan pistas de cuáles son nuestros conflictos internos, en que parte del desarrollo estamos o dónde nos hemos quedado atascados.

Podría hacer una lista de los beneficios de contar cuentos, pero eso ya lo sabéis. Lo que sí voy a decir es que contar cuentos es necesario y contar cuentos de tradición oral, aún más: pues estos contienen toda la sabiduría de nuestros ancestros y para saber quiénes somos y quienes queremos ser, tenemos que saber también quienes fueron nuestros antepasados y de dónde venimos.

No quiero convenceros. Solo quiero que le deis una oportunidad y escuchéis los cuentos que os cuento. Espero que a partir de ahora, disfrutéis y redescubráis los cuentos maravillosos…

Erase que se era…

Sin categoría

Educar y reeducar con cuentos

La educación hoy en día es un derecho y además, es un bien público y una responsabilidad colectiva.

Pero, ¿por qué es tan importante la educación en la vida de las personas? La respuesta no está solo en el bien que la educación puede aportar a cada persona, sino en el bien global: se trata del mundo que queremos y el mundo que queremos dejar a los que vengan detrás.

¿En qué queremos convertirnos? ¿Qué queremos aportar? ¿Cuáles son nuestros valores?

Como dice mi amiga Clara: “el arbolito, desde chiquitito”. Y no le falta razón. Pero, ¿qué pasa cuando un árbol adulto está podrido, dañado o roto por los acontecimientos del paso del tiempo? 

Una educación de calidad te invita a transformarte. Y es aquí donde el árbol adulto, podrido, dañado o roto, toma especial relevancia. Porque no solo hay que educar a los más pequeños, sino hay que reeducar a los adultos que venimos de una generación donde los sueños se perdieron por el camino y dejamos de creer y amar la vida.

Es importante educar en valores para una sociedad desarrollada con personas que se sientan realizadas y por ende más felices desde pequeños, pero la realidad es que muchos adultos, por no decir la mayoría, nos han educado adoctrinándonos para memorizar contenidos y “portarnos bien”, sin importar nuestros gustos y habilidades. Nos han educado para ser el mejor de la clase y por tanto triunfarías en la vida o por el contrario serías un fracasado. Nos hicieron creer que si memorizábamos contenido tendríamos un trabajo fijo que nos haría felices, pero nadie nos transmitió el amor ni la importancia de aquello que “aprendíamos”. Tampoco nadie tuvo en cuenta nuestros dones, nuestros gustos o sueños y si te atrevías a decirlo el mensaje era algo así como “te vas a morir de hambre”. Entonces, para no morirte de hambre, estudias algo que tenga salida, que puedes hacer pero que no te apasiona, o trabajas de lo primero que te sale y te quedas agarrado a un clavo ardiendo para siempre. Poco a poco te vas apagando, porque tus dones, aquello que realmente se te da bien y sabes hacer de manera natural y sin esfuerzo, se ven solapados por un montón de mensajes que nos dijeron de pequeños.

Por eso, no solo hay que educar a las nuevas generación en valores de respeto, tolerancia, igualdad, inclusión, cooperación… hay que sacar lo mejor de ellos para que puedan aportar su semilla en este mundo y hay que reeducar a aquellos adultos que ya no creen en sí mismos y se encuentran entristecidos porque no se sienten realizados.

Y no conozco mejor herramienta para sembrar estas semillas y potenciar todos estos valores , que los cuentos. Hoy en día existen multitud de cuentos o álbumes ilustrados muy buenos, que contribuyen con estos valores de desarrollo sostenible y además, tenemos también los cuentos maravillosos, que contienen toda la sabiduría de nuestros antepasados para transmitir valores y resolver conflictos, aunque estos hoy sean tachados de machistas o crueles, ya que así nos los hizo ver la factoría Disney. Pero esto, es otra historia…