La Paz no es algo que se encuentra, sino algo que se cultiva.
¿Qué pasaría si cada uno de nosotros decidiera hacer su parte para construir un mundo más pacífico?
Hace unos días se celebró en los colegios el Día de la Paz y la No Violencia. Es importante transmitirle a los más pequeños valores como el respeto, la tolerancia, igualdad, justicia, lealtad, y sobre todo, amor. Pero más allá de la celebración, la paz es un compromiso diario. Y la mejor manera de transmitir estos valores es viviéndolos en nosotros mismos.
¿Cómo cultivas la paz en tu día a día?
Cada jornada nos presenta desafíos: momentos de estrés, desacuerdos, impaciencia… ¿Cómo reaccionamos ante ellos? ¿De qué manera podemos transformar esas emociones en algo constructivo? Tomarnos un respiro antes de responder, practicar la escucha activa, aprender a expresar lo que sentimos con asertividad y, sobre todo, conocernos a nosotros mismos, son pasos clave. El desarrollo personal es fundamental en este proceso.
La paz comienza en ti.
Cuando nos sentimos bien, en paz, nuestras acciones van encaminadas a la bondad, el respeto y a todos los valores mencionados anteriormente. En cambio, cuando cargamos con asuntos sin resolver, esas emociones pueden manifestarse de formas inesperadas, afectando a nuestras relaciones y nuestro entorno.
Cuenta una antigua leyenda guaraní que, ante un gran incendio en la selva, un pequeño colibrí comenzó a llevar gotas de agua en su pico para intentar apagarlo. Los demás animales, al verlo, se burlaban:
—Eres muy pequeño, nunca lo lograrás.
Pero el colibrí, sin detenerse, respondía:
—Sé que no puedo apagarlo yo solo, pero esta selva es mi hogar, me da alimento y refugio. Hago mi parte porque formo parte de ella, y ella de mí.
Dicen que los espíritus del bosque, conmovidos por su esfuerzo, enviaron una gran lluvia que apagó el incendio.
Nuestras pequeñas acciones también tienen impacto.
Si queremos un mundo más pacífico, el cambio empieza en nosotros. Con cada gesto consciente, con cada elección basada en el respeto y la empatía, estamos sumando.
Si deseamos un mundo mejor para las futuras generaciones, empecemos por mejorar nuestro propio mundo interior.


